La Guerra Paranoica de Bush


Dr. Martha Stout
Huffington Post (05-10-2007)
A través de Signs Of The Times
Traducción: SDLT

El miedo extremo es un arma de primera magnitud, neuropsicológicamente hablando. A diferencia de las experiencias ordinarias, que son organizadas en el cortex cerebral, las experiencias traumáticas permaneces "atoradas" en el sistema límbico, un área emocional, evolucionariamente vieja del cerebro. A medida que nuestra vida sigue, estas memorias caóticas pueden ser disparadas dentro nuestro por recordatorios de eventos traumáticos, inclusive en situaciones que son mucho menos peligrosas. Disparar este brusco cambio neurológico hace que reaccionemos con miedo --como si el trauma estuviera pasando de nuevo-- y temporalmente descarrila nuestra habilidad de pensar y actuar racionalmente en el presente.
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Cuando el presidente de los Estados Unidos se comporta de maneras que redoblan los temores de la población, su comportamiento es una cuestión psicológica. Cuando la Casa Blanca usa especialistas en publicidad para introducir en nuestras mentes imágenes visuales aterradoras de nubes con forma de hongo sobre ciudades americanas, los psicólogos estadounidenses deberían estar preocupados, como mínimo.

Cuando nuestro jefe del poder ejecutivo insiste nuevamente en su discurso de "muerte y destrucción", mientras observamos el sexto aniversario de nuestro trauma nacional --y nos dice que si entorpecemos su política de guerra, nuestros enemigos "vendrán aquí a matarnos"-- es el momento para que profesionales que saben acerca de los efectos del trauma psicológico alcen la voz. Siendo ese tipo de profesional, invito a cualquier persona razonablemente sana a nivel mental para meterse en esta breve fantasía iluminadora:

Imagina por un momento que la presidencia de EEUU recae en ti, en vez de George Bush, y que, por razones sabidas sólo por ti y tu conciencia, aceptas la posición. No mucho después de que te mudas al Salón Oval, los Estados Unidos son golpeados por un desastroso ataque terrorista. Medidas contraterroristas que deberían haberse efectuado mucho antes deben ahora ser diseñadas con la rapidez de la emergencia --sistemas protectores para los cielos, los puertos, las instalaciones nucleares de la nación, provisión de alimentos-- pero mientras tú puedes ver eso, tus afligidos compatriotas apenas pueden pensar. Sus paisajes físicos y psicológicos han sido desfigurados por inescrutables "otros" desde una parte distante del mundo, y ellos están traumatizados y, subclínicamente, paranoicos. La resonancia de su miedo es casi palpable. En este estado único, vulnerable de la mente, trecientos millones de personas se vuelven hacia ti en masa, y preparados para confiar en tu respuesta implícitamente --inclusive aferrarse a ti-- ellos te hacen la siguiente pregunta: ¿Qué deberíamos hacer ahora?

Creo que, a medida que ves como millones de tus compatriotas perdidos en el temor y dolor, experimentarías un abrumador deseo de ayudarlos. Seriamente querrías traerles algo de confort y paz, de manera que ellos puedan protegerse a sí mismos, curarse, y reconstruir. Y --saliendo de este pequeño ejercicio de fantasía y volviendo a la realidad de los últimos 6 años-- quizás, como yo, ustedes se han entristecido repetidamente al presenciar que no todos los que están en una posición tan rara e influyente experimenta un deseo de ayudar a su propia nación para que se recupere y logre una verdadera auto-protección.

Que algunos de nuestros líderes no demuestren esta sincera reacción, ha sido naturalmente difícil para los estadounidenses el reconocerlo en voz alta. Como dramaturgo y víctima de McCarthy, Arthur Miller, escribió: "Pocos de nosotros pueden fácilmente renunciar a nuestra creencia de que la sociedad debe, de alguna manera, tener sentido alguno. El pensamiento de que el estado se ha vuelto loco y está castigando a tanta gente inocente, es intolerable". Pero, si contenemos nuestro deseo de olvidar la verdad dolorosa, podemos recordar que el surgimiento de los políticos del temor insanamente egoísta es un fenómeno tan viejo como la existencia de la sociedad jerárquica en sí misma. El inhumano cultivo del miedo ha sido utilizado políticamente, al menos desde el primer siglo antes de Cristo, cuando los Sicarios y los Zelotes cometieron asesinatos públicos para aterrorizar a los romanos en la antigua Palestina. Lo vimos en el reinado de paranoia sobre los EEUU de Joseph McCarthy en los años '50, y lo estamos viendo nuevamente ahora.

El miedo extremo es un arma de primera magnitud, neuropsicológicamente hablando. A diferencia de las experiencias ordinarias, que son organizadas en el cortex cerebral, las experiencias traumáticas permanecen "atoradas" en el sistema límbico, un área emocional, evolucionariamente vieja del cerebro. A medida que nuestra vida sigue, estas memorias caóticas pueden ser disparadas dentro nuestro por recordatorios de eventos traumáticos, inclusive en situaciones que son mucho menos peligrosas. Disparar este brusco cambio neurológico hace que reaccionemos con miedo --como si el trauma estuviera pasando de nuevo-- y temporalmente descarrila nuestra habilidad de pensar y actuar racionalmente en el presente.

Un fallo en el sistema del cerebro producido por un desastre nos hace, por lo general, vulnerables a la influencia, y ahí es donde radica lo que conviene a los autoritarios ambiciosos. En 'El Desfiguramiento de la Paranoia', suelo hablar de guerra límbica para referirme a las actividades de esparcir el temor con el fin de incrementar su poder político por medio de disparar memorias traumáticas repetidamente en los cerebros de los individuos que han sufrido una calamidad grupal. Un político no tiene necesariamente que saber algo acerca de neuropsicología del trauma para conducir semejante guerra límbica. Es como el sexo, en el sentido de que no necesitas entender biología para participar.

¿Es nuestro presidente (Bush) alguien que se dedica a esparcir el miedo? ¿Está George Bush realizando una guerra límbica contra nosotros? ¿Es él lo suficientemente frío como para usar el miedo generado el 11 de septiembre del 2001, como una especie de recurso renovable para mantener su poder político y proseguir con su agenda? Para ayudar a responder esta pregunta, me gustaría escribir un sumario de la lista que ofrezco en 'El Desfiguramiento de la Paranoia':

1) No es sorpresa que los líderes que usan el miedo como su estrategia política principal hablan repetidamente de gente peligrosa y de situaciones espantosas. Se dirigen a otros temas también, e inclusive podrían usar el humor. Pero de alguna manera y virtualmente dentro de cada comunicación, habrá varias referencias al peligro, y de cuán asustada no debe olvidarse la gente de estar.

2) Los políticos del temor frecuentemente ofrecen descripciones de eventos catastróficos que podrían pasar en el futuro, y de otros eventos que habrían pasado si los planes no se hubieran frustrado.

3) Semejantes líderes son propensos a acusar a aquellos que están en desacuerdo con ellos de ser desleales al grupo o de ser ingenuos.

4) Los agentes del Temor tienden a mirar, actuar, y hablar como la gente que se encuentra en sus circunscripciones electorales, a veces casi en caricatura. El agente del temor se presenta a sí mismo como una persona adecuadamente educada, pero no alguien mundano o intelectual. Si es de una región donde la gente habla con un acento, dicho líder es probable que alimente esta característica en él mismo.

5) Los esparcidores del temor frecuentemente actúan como padres arquetípicos. Un líder esparcidor del miedo podría suponer que, aunque el pueblo es su valiente carga, no se supone que ellos sean tan valientes y fuertes como él, y por eso, deben siempre depender de él. El demanda que confíen en él, y promete que nunca los abandonará o que dejará sus metas.

6) Los líderes que practican políticas de temor tienden a amonestar a la gente por cuestiones "morales", y usan la culpa para ejercer el control. Como un ejemplo típico, temas relacionados con la sexualidad (acerca del matrimonio, elecciones de crianza de hijos, homosexualidad, etc.) serán introducidas en una discusión popular que no tienen nada que ver con la sexualidad, y luego las notas sobre la vergüenza o el pecado serán mezcladas en el debate alterado. Estas acciones de parte del líder podrían distraer temporalmente a la gente de sus preocupaciones originales.

7) En una aparente contradicción, los agentes del miedo alaban al grupo por ser moral y heroico. Un líder esparcidor del temor tiene a hablar de cuán temerosa de Dios, gente de principios, desinteresado y admirable es su pueblo o su nación, más que los demás pueblos del mundo.

8) Los líderes esparcidores del temor proyectan infalibilidad personal. Cuando se les hace la pregunta directa, "¿Siente Ud. que ha cometido un error?" la respuesta es siempre que no, sin importar cuán evidente es el error.

9) Dichos líderes tienden a ser reservados y a estar seguros que otra gente -también- están guardando secretos peligrosos. Los políticos de las tácticas de miedo frecuentemente están obsesionados con acumular información sobre sus compatriotas, aunque mucha de esta información podría ser objetivamente insignificante.

10) Cualquiera que sea su lengua, los líderes del temor usan lenguaje que dispara emociones primitivas: palabras y conceptos (en el lenguaje grupal) como venganza, cobardía, y el bien contra el mal. Como adición a eso, los políticos del temor están asociados con el uso torcido del pronombre, especificamente el uso frecuente de la tercera persona plural [-ellos-]. En contraste, los líderes morales tienden a emplear la primera persona plural --nosotros-- como en referencias a lo que nosotros (la gente) podemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos.

Esto en forma abreviada es la lista del libro de las diez características de comportamiento de los esparcidores políticos del miedo. Qué aspectos se refieren a George Bush, haciendo las matemáticas no es difícil darse cuenta. (No se que proponen ustedes, pero yo conté diez de diez.) Es mi esperanza, como una psicóloga del trauma y como ciudadana, que elegiremos un diferente tipo de líder en el 2008, uno que no se meterá en una guerra emocional contra nosotros, y que sea lo suficientemente sabio como para no imaginar que nuestros peores miedos son nuestros mejores amigos.

Comentario SOTT: La doctora Stout ha tocado algunos conceptos importantes de Ponerología: el 'conocimiento especial psicológico' de los individuos patológicos, la histerización de la sociedad y su manipulación (ver Inhibición Transmarginal), la similitud entre las patocracias del presente y del pasado, el uso de paramoralismos.

Desafortunadamente, ella parece aún estar bajo la ilusión de que el pueblo estadounidense tiene la habilidad de elegir un mejor líder para el 2008. Si tomamos su comparación con los esparcidores del miedo del pasado llendo un poco mas lejos, podemos ver que semejantes líderes no están por encima del fraude electoral--ellos harán cualquier cosa posible para mantenerse en el poder, y eso incluye proveer la ilusión de elección y libertad.

Llevando la comparación aún mas lejos, podemos ver que semejante sistema político no tendría reparos en asesinar a sus propios ciudadanos por objetivos similares. La doctora Stout también parece estar bajo la ilusión de que "terroristas" extranjeros cometieron los ataques del 11-S.
Una lectura rápida de los libros del Doctor David Ray Griffin sobre le tema (especialmente su último, Debunking 9/11 Debunking) y el Libro de SOTT 9/11: The Ultimate Truth [11-S: La Verdad Definitiva (próximamente en castellano)], demostraría lo absurdo de tal posición.

Habiendo dicho eso, los libros de la Doctora Stout son una fuente invaluable de información relevante. Verifiquen su último libro, The Paranoia Switch, así como sus libros anteriores: The Myth of Sanity [El mito de la Sanidad] y The Sociopath Next Door [El Sociópata de la puerta de al lado].

Comentario SDLT: Trasladen ésto a los políticos de los países de habla hispana, y verán como en muchísimos casos también encaja con ellos. El miedo que esparcen, que en cada caso es por diferentes motivos, cuando no es el terrorismo es la "inseguridad", los inmigrantes, etc..

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