El capitalismo liberal como psicopatología

Guillermo F. Parodi
Rebelión
27/03/2007


Otra visión del capitalismo

1. La acumulación.

El sistema capitalista no funciona para satisfacer las necesidades de los capitalistas. Toda su lógica se encamina fundamentalmente a la obtención de lucro, y de no parar nunca, aunque su capital llegue a un nivel ya imposible de ser gastado para la supervivencia, placer y utilidad del capitalista, incluso si tiene una larga vida –incorporando, si quiere, a sus familiares y amigos.

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Es la acumulación indefinida –sin límites– de riquezas. Esa acumulación es necesaria para permanecer en el Mercado pues todos los demás hacen lo mismo que él, y si se cruza de brazos ya no podrá ganar más, pues la competencia dentro del Mercado lo dejará afuera. Incluso el capitalista no explotador se transformará en explotador como el resto, para poder competir.

Saturado el mercado local saldrá a buscar mercados afuera, y esa necesidad es la que hace que tengamos en Paraguay (y otros países en la miseria) empresas extranjeras de países ricos que lucran a costa de nosotros, un país pobre. Además lo hacen destrozando todo comercio o industria local relacionados con sus productos, comercios e industrias que necesariamente serán menos eficientes por no existir en el país la tecnología que usa la empresa extranjera; por no saber mucho de propaganda (con la que se convencen sin mucho esfuerzo que: “todo va mejor con Coca-Cola”) y para rematarla por falta de capital, que no le permite a los competidores locales tener buenas presentaciones, lanzar la propaganda necesaria y mucho menos tener las instalaciones de producción de bienes y servicios de las extranjeras (compare por favor al McDonalds con el carrito hambuguesero de la esquina).

Dada la extraña característica de los capitalistas que nos cuesta un poco entender pero que no es más que la exacerbación patológica del deseo de poder --que se encuentra también en los animales--, junto con la conciencia de finitud –que los animales no tienen–; aparecen comportamientos que chocan a la razón, pues la razón nos lleva a buscar la causa de la acción en la obtención de ganancias para vivir mejor y allí nos encontramos con la paradoja: “los que más trabajan entre los capitalistas son los que menos necesitan para vivir”. Y la aparente paradoja y confusión no es más que un error nuestro al olvidar la ancestral pulsión hacia la obtención del poder y la respuesta a la angustia provocada por la conciencia de finitud.

Después de mucho leer y reflexionar uno llega a la conclusión de que el comportamiento de los capitalistas proviene de esas razones poco estudiadas (creación intelectual que ensambla el deseo de poder a través de la riqueza, con la respuesta a la angustia que provoca la certeza de la muerte física), que pueden traducirse en: querer de ser dioses y siendo dioses ser en consecuencia inmortales. Sin darse cuenta buscan poder, lo cuál no es malo pues algo de poder o desapego –en los más evolucionados--, es necesario para ser libre, para que no aparezca gente que condicione nuestra vida, para que no aparezca gente a la que tengamos que pedir permiso para vivir, incluso humillándonos, degradándonos; (pero es mala la acumulación excesiva de poder que se usa justamente para hacer lo que no era deseado por él a los otros. Un colchón de desocupados en el sistema le permite tratar a los empleados peor que a los esclavos). El problema es que esa pulsión por la búsqueda de un poder a través del dinero, en los capitalistas, no tiene límites. Y en conjunción sinérgica aparece la búsqueda de solución a la angustia de finitud. Naturalmente que la solución adoptada no es una solución ni eficiente ni definitiva. Hay que ser bastante imbécil para creerse inmortal por tener poder y dinero, pero ¿quién dijo que no están locos?

Veamos dos casos paradigmáticos. Bill Gates y George Soros.

Bill Gates sigue engañando al mundo con sus continuas actualizaciones de Windows y Office, que nunca perfecciona sino que cambia detalles y no corrige, y siendo imperfectas, necesitan actualizaciones que le permiten hacer obsoletas las versiones anteriores que necesitan correcciones pero ya no se hacen. Como científico califico a este camino como un disparate y, a su comportamiento tan loco, como estafa. Hasta un niño sabe que es mejor algo bueno y permanente, que cambios constantes sin llegar nunca a la solución estable. Pero Bill quiere más y cada vez más.

Algo similar ocurre con George Soros que en una semana ganó “legalmente” al Banco de Inglaterra, 1.000 millones de dólares. Y George sigue especulando, quiere más y más. Es sorprendente pero ambos tuvieron la idea de crear “Fundaciones para ayudar a los necesitados”, siendo que a los necesitados los generan ellos mismos. Pero, atención que esto no es exclusivo de estos dos personajes. Todos los magnates que conozco, o tienen una fundación propia, o aportan cantidades significativas a una fundación existente para la ayuda a los desposeídos.

En psicología eso se conoce como desdoblamiento esquizofrénico, es equivalente a tirar sobre el pueblo con ametralladoras de grueso calibre, para salir a continuación con curitas (band-aid) para aliviar a los heridos y hacer caso omiso a los muertos.

Eso, en esencia es el capitalismo. Es una carrera de locos que en su trayectoria aplastan niños, mujeres y ancianos, gente sana y enferma; al medio ambiente que ya no tiene capacidad de rearmarse frente a las tropelías insensatas que lo destruyen más y más. Nada los para en su carrera que no es inocua pues necesita explotar a la gente y que la gente consuma aunque sea porquerías inútiles, para que su deseo patológico encuentre satisfacción. No les importa que sus nietos ya no puedan vivir en la Tierra pues la están degradando a niveles que adelantarán el Armageddon de plazo indefinido a un plazo no superior a los 50 años (que afectará, sin duda, la vida de sus hijos y nietos).

Mediante sencillos silogismos llegamos a la conclusión de que los grandes capitalistas están locos, pero que no son locos buenos, sino que son locos malos (explotan a los empleados y destrozan el Mundo) y además son tristes (están siempre con miedo de perder lo que tienen o tendrán) [1].

2. El mercado.

Para que el capitalismo funcione como “se debe” requiere del Mercado, pero no un mercado cualquiera, debe ser un mercado desregulado, nada de planificación económica que lo restrinja, nada de control de precios, mercado a secas.

Mercados existieron siempre a lo largo de la historia. Pero en los últimos siglos el mercado se hizo el centro de la vida. La economía que era solo un aspecto de la vida se transformó en el centro y el mercado ya se hizo omnipresente. No solo hay mercado para las verduras, hay mercado para la mano de obra, hay mercado para el agua, para la energía. Y si antes las costumbres limitaban su poder, ahora ya no [2]. La idea de Adam Smith de que el mercado era el mejor mecanismo para asignar recursos, para decidir quién produce, cuánto, cuando y el precio del producto, fue usada a rajatabla. No porque fuese verdad sino porque a los poderosos les convenía. El mercado es un mecanismo excelente, es cierto, pero lo es solo para los poderosos que son los que siempre ganan y es aterrador para los que menos tienen ya que siempre pierden.

La clave del disparate viene de la idea de la competencia perfecta. Formalizada por Walras siguió su camino triunfal pese a ser una institución imposible, hasta Gérard Debreu ganó en el año 1983, el premio Nobel de Economía por haber mostrado la posibilidad de un equilibrio general para varios productos ¡con la hipótesis de la competencia perfecta!

La competencia perfecta en un mercado desregulado no puede existir, más bien se tiende al monopolio u oligopolio y al monopsonio u oligopsonio. Para tener un mercado perfecto ningún agente puede influir por su sola acción en el mercado y la entrada y salida es libre, cosas tan imposibles como que todos los seres humanos tengan la misma altura. En la teoría se muestra que en ese caso –competencia perfecta–, la utilidad del capitalista tiende a cero!!!. La falsedad de esa hipótesis es la clave fundamental para la explotación capitalista, los poderosos serán cada vez más poderosos y los pobres serán cada vez más pobres. Usar el argumento de los beneficios de la competencia (usando implícitamente la categoría de perfecta), no solo hace daños sino que es una mentira colosal. Con unos toquecitos mágicos de David Ricardo introduciendo las ventajas comparativas, nace también otra mentira: la que afirma que el Libre Comercio entre las Naciones es beneficioso para todas. ¿Patrañas! Es siempre lo mismo, si saco las categorías en el box un peso pesado se hará siempre con el título [3].

A la psicopatía de querer ser dioses e inmortales se les suma entonces la de ser unos tremendos mitómanos.

3. Colofón.

El capitalismo en conjunción con el liberalismo económico conducen a los resultados actuales, resaltada su acción dehumanizadora con la vuelta al capitalismo salvaje a través del dominio del pensamiento único o neoliberalismo en la década de los ‘70 . El capitalismo es anterior al liberalismo económico, pero necesitó de éste para que su accionar no sea regulado.

Nada mejor haríamos que acabar con el sistema. Es más, es nuestra obligación al menos intentarlo. Aunque no solo ello, debemos buscar soluciones, como por ejemplo: pasito a pasito acercarnos a algo muy bello que se llama Socialismo del Siglo XXI.

Notas:

[1] Cómo evitar convertirse en un loco malo y triste.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=28177

[2] Kart Polanyi. La Gran Transformación. Fondo de Cultura Económica. México. 1992. (Primera edición 1944).

[3] El ALCA y las categorías en el box.

http://www.rebelion.org/economia/040105parodi.htm.

Guillermo F. Parodi es escritor, profesor universitario, miembro del Observatorio Internacional de la Deuda y de los colectivos de Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala ( www.tlaxcala.es ), la red de traductores por la diversidad lingüística.


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