Palestinos acusan al ejército de robar órganos de sus hijos

Donald Boström
Aftonbladet
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens. Tomado de una traducción anónima al inglés del controvertido artículo de Aftonbladet "Våra söner plundras på sina organ", publicada en http://pastebay.com/41533
25/08/09

“Soy lo que podríais llamar un ‘casamentero' dijo Levy Izhak Rosenbaum de Brooklyn, EE.UU., en una grabación secreta con un agente del FBI, que pretendió ser un cliente. Diez días después, a fines de julio de este año, Rosenbaum fue arrestado en conexión con una amplia red de corrupción descubierta en Nueva Jersey: rabinos, funcionarios elegidos y de confianza se habían involucrado durante años en el lavado de dinero y en tráfico ilegal de órganos, que operaba como una red al estilo Soprano. Según su propia declaración compraba órganos de gente necesitada en Israel por 10.000 dólares y los vendía a pacientes desesperados en EE.UU. por 160.000 dólares. El tiempo de espera para riñones es de un promedio de nueve años.

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Las acusaciones han estremecido la industria estadounidense de los trasplantes. Si es verdad, es el primer tráfico de órganos documentado en EE.UU., dijeron expertos en el New Jersey Real-Time News.

Cuando le preguntaron cuántos órganos ha vendido, Rosenbaum respondió: “Bastantes. Muchos. Hasta ahora nunca he fracasado,” alardeaba. Su negocio ha funcionado desde hace mucho tiempo.

Francis Delmonici, profesor en Harvard de Cirugía de Trasplantación, y miembro del consejo de directores de la Fundación Nacional del Riñón, dijo en el mismo periódico que un tráfico similar de órganos en Israel tiene lugar en otros sitios del mundo. Aproximadamente un 10% de los 63.000 trasplantes de riñones en el mundo son hechos ilegalmente, dice Delmonici.

Países muy conocidos por esta actividad ilegal son Pakistán, las Filipinas y China, donde se cree que órganos han sido tomados de prisioneros ejecutados. Pero los palestinos tienen fuertes sospechas de que sus jóvenes han sido capturados y, como en China y Pakistán, sirvieron de reservas de repuestos antes de ser asesinados. Una sospecha muy seria que plantea suficientes dudas como para que el TPI, Tribunal Penal Internacional, debiera definitivamente abrir una investigación de si se trata de un caso de crímenes de guerra israelíes.

Israel ha estado repetidamente en dificultades por su manera poco ética de ocuparse de órganos y trasplantes. Países que incluyen a Francia ya interrumpieron la cooperación al respecto con Israel en los años noventa, y el Jerusalem Post escribió que “se espera que otros países en Europa sigan pronto el ejemplo de Francia.”

La mitad de los nuevos riñones que los israelíes han implantado desde comienzos de la década del 2000 han sido comprados ilegalmente de Turquía, Europa Oriental o Latinoamérica. Las autoridades sanitarias israelíes están perfectamente informadas del negocio, pero no hacen nada por detenerlo. En 2003 se reveló en una conferencia que Israel es el único país occidental en el que la profesión médica no condena el tráfico ilegal de órganos o emprende alguna acción contra los doctores involucrados en ese comercio criminal. Al contrario, importantes médicos en los principales hospitales participan en la mayoría de los trasplantes ilegales, según

Dagens Nyheter (5 de diciembre de 2003).

En un intento por superar la escasez de órganos en el país, el entonces ministro de salud, Ehud Olmert, realizó una importante campaña en el verano de 1992 para lograr que la población israelí se ofreciera como donantes de órganos. Se distribuyó medio millón de panfletos en periódicos locales en los que se invitaba a los ciudadanos a inscribirse para donar sus órganos después de su muerte. Ehud Olmert fue el primero en firmar.

Dos semanas después, el Jerusalem Post escribió que la campaña había tenido un resultado exitoso. No menos de 35.000 personas habían firmado; usualmente son 500 por mes. En el mismo artículo, la periodista Judy Siegel escribió que la brecha entre oferta y demanda seguía siendo grande. La fila de espera para trasplantes de riñones era de 500 personas, pero sólo 124 pudieron someterse a la cirugía. De las 45 personas que necesitan un nuevo hígado, sólo tres tuvieron la oportunidad de recibir un nuevo órgano en Israel.

Durante esa campaña por órganos, desaparecieron jóvenes palestinos y fueron devueltos de noche a sus aldeas cinco días después, muertos y hendidos.

Las noticias sobre los cuerpos mutilados aterrorizaron a la población en Cisjordania y Gaza. Se habló de un aumento dramático en la cantidad de jóvenes desaparecidos con los subsiguientes funerales nocturnos de cuerpos autopsiados.

Yo estaba en el área trabajando en la preparación de un libro cuando personal de la ONU, preocupado por los acontecimientos, se puso varias veces en contacto conmigo. Los que lo hicieron pensaban que realmente había tenido lugar el robo de órganos, pero no estaban en condiciones de hacer algo. Por cuenta de una compañía de televisión, anduve por ahí y hablé con una gran cantidad de familias palestinas en Cisjordania y Gaza, que dijeron que a sus hijos les habían robado órganos antes de ser asesinados. Uno de los ejemplos que vi en ese espeluznante viaje fue el de un joven lanzador de piedras, Bilal Achmed Ghanan.

Era casi medianoche cuando se escuchó el ruido de motores de una columna militar israelí en los alrededores de la aldea Imatin en el norte de Cisjordania. Los dos mil habitantes de la aldea permanecieron despiertos y se quedaron como sombras silenciosas en la oscuridad. Algunos estaban sobre los techos, otros detrás de cortinas, casas o árboles, que los protegían en las tinieblas durante el toque de queda, pero les permitían ver claramente lo que se convertiría en un cementerio para el primer mártir de la aldea. Los militares habían cortado toda la electricidad alrededor de la aldea y el lugar fue convertido en un área de exclusión militar – ni un gato podía moverse al aire libre sin arriesgar su vida. El ensordecedor silencio de la oscuridad sólo era interrumpido por sollozos quedos y no puedo recordar si lo que nos hacía estremecer era el frío o la excitación. Cinco días antes, el 13 de mayo de 1992, una fuerza especial israelí había organizado una emboscada en la carpintería de la aldea. Su objetivo era Bilal Achmed Ghanan, de 19 años, uno de los activos jóvenes palestinos que lanzaban piedras y dificultaban la vida de la potencia ocupante.

Bilal Ghanan era uno de los principales lanzadores de piedras, y los israelíes lo habían buscado durante un par de años. Eso significó que él, junto con otros chicos que lanzaban piedras, vivía al aire libre en los cerros de Nablus. Ser capturado significaba la muerte, y las historias sobre la tortura no mejoraban las cosas. Por lo tanto se quedaban en los cerros. Pero por algún motivo, Bilal bajó un día de las montañas y se paseó sin protección por la aldea frente a la casa del carpintero en ese día desafortunado a mediados de mayo. Ni siquiera Talal, su hermano mayor, pudo decir por qué bajó precisamente ese día; tal vez se les había acabado la comida y necesitaban reabastecerse.

Todo anduvo bien para las fuerzas especiales israelíes. Apagaron sus cigarrillos, dejaron a un lado sus latas de Coca-Cola y apuntaron tranquilamente a través de la ventana rota. Cuando Bilal estuvo suficientemente cerca, sólo tuvieron que apretar el gatillo. El primer tiro dio en su pecho. Según aldeanos que presenciaron el incidente, luego le dispararon en cada pierna. Entonces dos soldados salieron corriendo de la carpintería y le dispararon una vez más en el estómago. Finalmente, lo tomaron por los pies y lo arrastraron por los 20 peldaños de la escalera de piedra de la carpintería. Los aldeanos dicen que personal de la ONU y de la Media Luna Roja que estaba cerca y oyó los tiros llegó para atender a los heridos. La discusión sobre quién se ocuparía de la víctima terminó cuando la fuerza israelí cargó al gravemente herido Bilal en un jeep y lo condujo hacia el exterior de la aldea. Allí los esperaba un helicóptero militar que se llevó a Bilal con destino desconocido.

Cinco días después lo devolvieron en la oscuridad, muerto y envuelto en tejido verde del hospital. Cuando la columna militar que había recogido a Bilal del centro de autopsia Abu Kabir en las afueras de Tel Aviv se detuvo en el lugar de su sepultura, alguien reconoció al jefe militar israelí como capitán Yahya. “El más difícil de todos ellos,” murmuró en mi oído la persona en la oscuridad. Cuando los hombres del capitán Yahya cargaron el cuerpo y cambiaron el tejido verde por uno de algodón ligero, unos pocos parientes varones fueron escogidos para hacer el trabajo: excavar el suelo y mezclar cemento.

Junto al ruido de palas se escuchaban las risas ocasionales de los soldados, que bromeaban mientras esperaban para volver. Cuando bajaron a Bilal a la tumba, se descubrió su pecho y los pocos presentes repentinamente vieron el abuso al que había sido sometido. Bilal no era el primero en ser enterrado con un corte desde el abdomen hasta el mentón y la especulación sobre la intención había sido incontrolada.

Las familias palestinas afectadas en Cisjordania y Gaza estaban seguras de lo que había ocurrido a sus hijos. “Nuestros hijos fueron utilizados como donantes forzados de órganos,” me dijeron parientes de Khaled de Nablus, así como la madre de Raed de Jenin y los tíos de Mahmod y Nafes de Gaza, todos los cuales desaparecieron durante varios días y volvieron tarde de noche, muertos y hendidos.

¿Por qué tuvieron los cuerpos hasta cinco días antes de que los pudiéramos enterrar? ¿Qué sucedió con los cuerpos mientras tanto? ¿Y para qué la autopsia si la causa de muerte es obvia, y en todos los casos contra nuestra voluntad? ¿Y por qué devuelven los cuerpos durante la noche? ¿Y por qué con una escolta militar? ¿Y por qué clausuran el área para el funeral? ¿Y por qué cortan la electricidad? Las preguntas del tío de Nafes son muchas e indignadas.

Las familias de los palestinos asesinados ya no tenían preguntas al respecto.

El portavoz del ejército israelí, por su parte, dijo que las afirmaciones sobre robos de órganos eran inventos de los palestinos. Todos los palestinos que fueron muertos fueron sometidos rutinariamente a autopsias, dijo.

Bilal Achmed Ghanem fue uno de 133 palestinos muertos de diversas maneras ese año. Según estadísticas palestinas, las causas de las muertes fueron: tiroteos callejeros, explosiones, golpizas, gas lacrimógeno, atropellos intencionales, ahorcamientos en prisión, disparos en escuelas, muertos en casa, etc. De las 133 personas muertas desde cuatro meses hasta 88 años, 69 fueron autopsiadas, es decir sólo la mitad de los muertos. La autopsia rutinaria de los palestinos muertos mencionada por el vocero del ejército no es la realidad en los Territorios Ocupados. Las preguntas siguen existiendo.

Sabemos que la necesidad de órganos en Israel es grande, que desde hace tiempo existe un amplio tráfico ilegal de órganos; que es realizado con el beneplácito de las autoridades, que hay doctores importantes involucrados en los principales hospitales, así como funcionarios a diferentes niveles. Y sabemos que los jóvenes palestinos desaparecieron, y que fueron devueltos cinco días después en secreto, durante la noche, hendidos y vueltos a coser.

Es hora de hacer la luz sobre esta macabra actividad y de lo que sucede y ha estado sucediendo en los territorios ocupados por Israel desde que comenzó la Intifada.

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Donald Boström es periodista, fotógrafo y autor, entre otras obras, del libro “Inshallah” (Ordfront förlag 2003).

http://pastebay.com/41533

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Bilal Achmed Ghanan, de 19 años, fue muerto a tiros y retirado por soldados israelíes. Su cuerpo fue devuelto, cosido desde el estómago hasta el mentón.


Foto: Donald Boström

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Jóvenes palestinos lanzan piedras y botellas de vidrio a soldados israelíes en el norte de la Franja de Gaza. En esta área Bilal Achmed Ghanan fue muerto a tiros y abierto en el hospital. “Nuestros hijos son utilizados como suministro de órganos,” dicen los palestinos.


Foto: Donald Boström

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